
Jacinto B. Peynado
Era un dirigente político fuera de lo común. No creía en el maquiavelismo. Era muy sincero. Decía lo que pensaba. Hacía lo que decía. Si no estaba de acuerdo con algo, no se quedaba callado dizque para hacerse el simpático. No creía en intermediarios. Le gustaba decir las cosas directamente y hacerlas personalmente. No sabía hablar mentira. Era intransigente con sus ideas.
No le importaba que le dijeran “hombre de boca dura”. Su temperamento lo traicionaba. No parecía político. Era tan solidario que si comprometía su palabra, no la variaba en el camino, seguía con ella hasta el final, aunque fuera para hacerse daño. Algunos señalan que era un mal candidato, pero yo que tuve el placer de conocerlo les aseguro que hubiese sido un buen Presidente.
Como empresario también era atípico. Por lo general los empresarios se relacionan con la política para aumentar sus fortunas con relaciones de acceso a círculos de poder. Jacinto lo hizo al revés.
Metió su dinero y su fortuna en la actividad política. Algunos entran pobres y se hacen ricos de la política. Peynado entró rico, fue Senador y Vicepresidente, y salió con sus negocios en quiebra.
Rentauto quebró por alquilarse él mismo los vehículos para la campaña del PRSC. TV13 tuvo que venderlo para pagar deudas de campaña después de haber perdido. Agrodelta no llegó a desarrollarse porque el dinero de los jugos se fueron en afiches, gorras, caravanas, bandereos y recetas, entre otras cosas.
Como ser humano, padre cariñoso y abnegado con sus hijos. Recuerdo verlo jugando con sus hijos como si fuera un niño igual a ellos. Era el amigo que todo hombre desea tener. Leal, sincero, solidario. Como esposo fue el primer político con su mujer siempre al lado, para arriba y para abajo. Compartían la agenda. Eran inseparables. No recuerdo haberlo visto nunca en una actividad sin estar acompañado de Doña Margarita. Le gustaba la buena vida. Se daba sus tragos con amigos.
Cantaba, bailaba, vivía su pasión por los carros, por la pesca, por el mar, por su familia, por la política. No era perfecto. Tenía sus defectos. Muchos lo han olvidado o ya no les conviene mencionarlo. Yo no lo olvido. Le agradezco. Lo tengo siempre presente. Nunca tuve diferencias con él. Siempre me distinguió. Que pena no tenerlo entre nosotros. Hoy hubiese cumplido 68 años. |